“La Memoria y el reconocimiento público son claves para promover la justicia y los derechos de las mujeres y niñas”

Entrevista

Tras un largo proceso de trabajo, acompañamiento e investigación, el Mausoleo “Reinas de la Pampa”, fue finalmente reconocido como Monumento Histórico. Esta declaratoria, además de proteger un espacio de legado, instala en la memoria colectiva del país, la historia de 14 niñas y mujeres víctimas de femicidio ocurridos en Alto Hospicio entre 1998 y 2001, reconociendo la lucha de sus familiares en la búsqueda de reparación, justicia y dignidad. 

Mausoleo Reinas de la Pampa

Este hito llega después de años cargados de dolor de las familias, quienes debieron enfrentar no solo la desaparición y muerte de sus hijas, hermanas y madres, sino que también la estigmatización, abandono institucional y los prejuicios, tan solo por el hecho de vivir en un contexto de pobreza, reflejando una profunda y violenta desigualdad. 

En este contexto, conversamos con Karin Bock Gálvez, psicóloga clínica, investigadora y una de las  impulsoras de la solicitud de esta declaratoria, quien junto a las familias y un grupo de investigadores lograron a través de un trabajo colectivo,  la consagración de este sitio como patrimonio nacional. 

¿Cómo surge la idea de impulsar la solicitud de declaratoria del Mausoleo “Reinas de la Pampa” como Monumento Histórico?
Este proceso nace desde la memoria viva que han sostenido las familias durante años. Yo en particular, comencé a trabajar este caso hace aproximadamente una década con el objetivo de comprender qué estaba ocurriendo en torno a la memoria de estas mujeres. Fue así como, junto a un Pepe Guzmán y Eyleen Faure  nos pusimos en contacto con Magaly Lefno, madre de una de las víctimas, iniciando junto a ella un trabajo de colaboración y acompañamiento. Una de las principales preocupaciones de Magaly era no saber que ocurriría con el mausoleo cuando ella ya no estuviera, incertidumbre que motivó comenzar el trabajo de busqueda de mecanismos para relevar los espacios vinculados a la memoria de estas niñas y mujeres. 

Reinas del Pampa

En este sentido, ¿Cómo describirías el rol de la familia, en particular de Magaly, en la construcción de este espacio?
El rol de esta familia fue crucial en el  proceso. Magaly ha cuidado este lugar durante años con una dedicación impresionante. Cuidó sistemáticamente este espacio, siendo la guardiana del mausoleo. Ella resignificó el nombre “Reinas de la Pampa” y puso a disposición de la comunidad un libro de actas a la comunidad quienes comenzaron  a dejar mensajes, cartas y peticiones en este sitio y eso permitió tener un registro de todos estos años respecto de la importancia de la memoria de todas estas mujeres, colección que será donada al Archivo Regional de Tarapacá.

En esta gestión se trabajó en la protección de documentos relacionados a la memoria. ¿Cómo fue ese camino?
Ese fue un paso muy importante. Magaly había reunido durante años una enorme cantidad de documentos: cartas, registros, cuadernos. En total, eran 14 libros que resguardaban la memoria de las víctimas. Así fue como el año pasado nos acercamos al Archivo Nacional para proponer una protección a este material, petición que fue acogida por Emma de Ramón, que en ese entonces era directora de Archivo Nacional, Marcela Morales, Roberto Manríquez, profesionales del Archivo Nacional de Chile y Patricio Mora, ex asesor de la Subsecretaría de Patrimonio Cultural, quienes nos brindaron todo el apoyo técnico para comenzar con  esta red de colaboración. 
Destaca también el gran apoyo que recibimos de las organizaciones de a sociedad civil, vinculadas a temas de mujeres tales como Red Chilena contra la violencia hacia las Mujeres, El Movimiento Pro-Emancipación de las Mujeres de Chile (Memch), Ni Una Menos, Solidaridad en resistencia, la Coordinadora 19 de Diciembre, entre otras. 

En este sentido, ¿Qué rol jugaron las instituciones y redes de apoyo en este proceso?
El apoyo técnico de profesionales del Archivo Nacional y de distintas instituciones vinculadas al patrimonio fueron fundamentales en este proceso. Fue así como fuimos tejiendo una red que incluyó autoridades regionales, organizaciones y parte de la comunidad permitiéndonos fortalecer esta red de colaboración. La mesa de trabajo incluía a autoridades de Tarapacá, como la ex seremi de la Mujer, Noemí Salinas, la ex seremi Cristina Muraña, José Barraza, Director Regional del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, la ex seremi de Cultura, Sandrá Mercado y el ex seremi de Justicia, Juan Pablo Valenzuela, el Concejal Rodrigo Oliva, el Alcalde de Iquique Mauricio Soria, Angela Erpel Jara, Coordinadora de Democracia y Derechos Humanos, entre otros. 

Fue así como en enero de 2025 ingresamos formalmente la solicitud de declaratoria, y en junio del mismo año, realizamos el seminario “Feminismo y Violencia de Género: Memorias en Resistencia en Chile y Bolivia” organizado por la Coordinadora 19 de Diciembre, la Seremi de la Mujer y la Equidad de Género de la región de Tarapacá, y el Instituto de Estudios Avanzados de la Usach. 
Este encuentro, realizado gracias al apoyo de la Fundación Heinrich Böll, fue esencial para posicionar el tema en la agenda pública y fortalecer los vínculos políticos e institucionales para relevar la importancia de la memoria en la lucha contra la violencia de género, especialmente en el contexto de los feminicidios. La Memoria y el reconocimiento son claves para promover la justicia y los derechos de las mujeres y niñas.

También es importante destacar el apoyo de Mónica Maureira, Vicepresidenta del Comité de Seguimiento de la Convención Belém do Para, quien ayudó a instalar el tema en el espacio público y político. 

En términos históricos y sociales, ¿Qué valores tiene este monumento para el país? 
Esta declaratoria es un hito fundamental para la memoria colectiva de nuestro país, ya que es el primer monumento en Chile que conmemora de manera explícita a las víctimas de femicidio en conjunto. Por eso, su declaratoria como Monumento Histórico no solo protege un espacio, sino que instala este tema en el debate público desde una perspectiva de derechos humanos y de género. La declaratoria también es una forma de reconocer la existencia de cada una de las mujeres y niñas, la lucha de sus familias, y una forma de reparación al daño, en tanto se reconoce desde el Estado la importancia de los hechos y la relevancia de otorgar protección a este lugar de memoria.
 

¿Qué significa, en lo personal y profesional, haber sido parte de este proceso?

Para mí como investigadora ha sido muy emocionante acompañar este proceso junto con las familias que participaron, aprendí mucho y valoro mucho cada una de las instancias compartidas. Además también es fundamental que se puedan inscribir en el espacio público estas violencias, porque es una forma de recordar la vida de estas mujeres y en las próximas generaciones  esto también pueda estar presente. Es como traer al presente aquello que ha caído bajo un sello de inexistencia y eso es hacer memoria.   
El mausoleo además de ser un lugar de conmemoración, genera encuentro y reflexión entre las comunidades, organizaciones y las familias. 

Tras la declaratoria, ¿cuáles son los próximos desafíos?

El desafío ahora es acompañar a las familias en una nueva etapa: avanzar hacia una organización con personalidad jurídica que les permita gestionar este espacio. 
Además, se concretará la donación de los archivos al Archivo Regional de Tarapacá, lo que asegura su preservación a largo plazo. Pero, sobre todo, el desafío es seguir cuidando esta memoria, porque este lugar no solo recuerda lo que pasó: también nos obliga a preguntarnos cómo sociedad qué hacemos hoy para que estos crímenes no vuelvan a repetirse nunca más.

Publicacada también en El Desconcierto