El predominio de los combustibles fósiles no genera seguridad. Imme Scholz

Columna de la presidenta de la Fundación Heinrich Böll

Quienes contraponen la seguridad a la cooperación internacional acabarán perdiendo ambas. Los conflictos actuales demuestran por qué la soberanía energética, la protección del clima y la cooperación están intrínsecamente ligadas.

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El ataque a Irán y el cierre del estrecho de Ormuz ilustran claramente el alto costo humano y económico de un mundo donde las grandes potencias libran guerras en lugar de resolver conflictos por la vía diplomática. Pero esta guerra tiene otra consecuencia: la consiguiente caída drástica de los precios del petróleo y el gas desencadena una reacción en cadena que socava directamente la estrategia que se basa en el dominio de los combustibles fósiles.

Como consecuencia de la crisis de los combustibles fósiles, los gobiernos de muchas partes del mundo han paralizado proyectos relacionados con estos combustibles y han acelerado la expansión de las energías renovables. Las empresas reconocen la urgencia de esta transición. La demanda de sistemas fotovoltaicos, bombas de calor y vehículos eléctricos vuelve a aumentar. Cada vez resulta más evidente que la seguridad energética y la protección del clima no son incompatibles. Por el contrario, la electrificación y la expansión de las energías renovables se han convertido desde hace tiempo en una necesidad estratégica.

Quien quiera contrarrestar el dominio del más fuerte debe crear y defender espacios donde rijan las normas y la cooperación siga siendo posible. Especialmente en un mundo multipolar, la estabilidad depende de que los Estados actúen conjuntamente y respeten los acuerdos existentes, incluso cuando las grandes potencias individuales los cuestionen cada vez más. 

El ex Presidente chileno Gabriel Boric describió cómo podría ser dicha cooperación en el Foro de Berlín sobre Cooperación Global, organizado por la Fundación Heinrich Böll en colaboración con la Universidad Humboldt. Las inversiones en la defensa de Europa no deben ir en detrimento de la cooperación con los países del Sur Global. Según Boric, el resultado de este enfoque no sería más seguridad, sino más inestabilidad, un terreno más fértil para que otras potencias (con menos escrúpulos respecto a la soberanía y los derechos) llenen el vacío dejado por Europa. Al mismo tiempo, dejó claro que la cooperación internacional debe cambiar: la mera retórica de la colaboración es insuficiente. El desarrollo tecnológico, la creación de valor y los empleos dignos son cruciales.

Nuevas alianzas para la transición energética

La creciente importancia de estos enfoques también quedó patente en la Primera Conferencia sobre la Transición para Abandonar los Combustibles Fósiles, organizada por Colombia y los Países Bajos en la ciudad portuaria colombiana de Santa Marta a finales de abril. Allí se reunió una coalición de países dispuestos, integrada por 57 naciones que representan aproximadamente un tercio de la economía mundial. Acordaron un proceso de seguimiento con tres pilares: planes nacionales y regionales de eliminación gradual, instrumentos de política comercial y financiación.

A pesar de la falta de avances a nivel internacional, estos países siguen adelante con su cooperación y no se desaniman por la falta de consenso en la última Conferencia de las Partes del Tratado sobre el Cambio Climático en Belém. Para un número creciente de países, los beneficios de la eliminación gradual de los combustibles fósiles superan los costes y desafíos asociados. Un requisito previo para esta eliminación gradual sigue siendo la transición: hacia un sistema energético que utilice principalmente energía solar y eólica, sea descentralizado y electrifique el mayor número posible de aplicaciones. Esto requiere la cooperación en diversas coaliciones y constelaciones. Estas colaboraciones no son solo una inversión en la protección del clima. También refuerzan la soberanía energética, la seguridad alimentaria y la fiabilidad que surge de los intereses compartidos y las relaciones pacíficas.

Al mismo tiempo, pueden contribuir a contrarrestar el poder de los actores dominantes en los mercados energéticos mundiales. Muchos Estados tienen un gran interés en mantener su independencia frente a las reivindicaciones de poder geopolítico. Para Alemania y Europa, esto representa una oportunidad política y económica: apoyar los avances tecnológicos como socios fiables, impulsar el progreso en el desarrollo y, por lo tanto, contribuir a un orden internacional más seguro y cooperativo.
En una época en la que la ley del más fuerte se impone cada vez más, la cooperación internacional no es un lujo idealista. Es una necesidad estratégica.


Involucrarse - la columna del consejo
ilnvolúcrate! Es la única manera de seguir siendo realista. Así lo expresó Heinrich Böll, y este mensaje nos sigue inspirando hoy. Con esta columna, como junta directiva de la fundación, contribuimos al debate político y social actual. Cada mes, Jan Philipp Albrecht e Imme Scholz se turnan para escribirla.

Columna original publicada en https://www.boell.de/de/2026/05/29/fossile-dominanz-schafft-keine-sicherheit