¿Qué pensar de Hugo Chávez?

¿Qué pensar de Hugo Chávez?

¿Qué pensar de Hugo Chávez?

 

This photograph was produced by Agência Brasil, a public Brazilian news agency..

 

 

 


Para quien se imagina haber hecho buenos amigos a lo largo de sus numerosas correrías realizadas durante décadas a través de Latinoamérica, no resulta tarea fácil realizar una visita a la actual Venezuela. Si las amistades se basan allí únicamente en el supuesto de una coincidencia política, pueden hoy romperse fácilmente. Rara vez se ha dado con similar intensidad una situación en la que viejos compañeros de lucha se encuentren en lados opuestos de barreras imaginarias: era claro que se estaba a favor de la Unidad Popular y en contra de Pinochet, en favor de los Sandinistas y en oposición a los Contras apoyados por los Estados Unidos, del lado de los zapatistas y en contra de sus perseguidores. Hoy en Venezuela las cosas son distintas: en la oposición contra el Hugo Chávez que gobierna desde 1998, se encuentran no solo los defensores de la derecha burguesa (la cual mostró su rostro más odioso durante el intento de golpe de abril de 2002, con las medidas fascistas adoptadas por Carmona - el presidente de los empresarios que gobernó durante un día), sino también miembros de grupos de izquierda, ex-guerrilleros, e incluso la mayoría de aquellos intelectuales que en el pasado representaron en Venezuela las variantes marxistas de la teoría de la dependencia. Por el contrario, en el ámbito internacional Chávez tiene el apoyo de una inteligencia crítica de la globalización, que ha encontrado en Le Monde Diplomatique su altavoz. Y mucha izquierda venezolana sin vinculaciones partidistas, que durante años ha realizado trabajos de base, se identifica con el así llamado proceso de la revolución bolivariana que Hugo Chávez ha puesto en marcha, sin dejar por ello de criticar medidas concretas de la burocracia estatal.

 

En la actual polarización de Venezuela no se trata solamente de diferencias de opinión que pudieran ser ventiladas en un espacio público capaz de reunir a los contradictores. Este apenas existe, e incluso las mayores universidades públicas solo rara vez ofrecen la oportunidad para serias controversias en las que participen representantes de ambos bandos. Parece que chavistas y antichavistas no compartieran un mismo mundo: espacialmente, la ciudad de Caracas se encuentra dividida en territorios en los que unos u otros tienen sus puntos de apoyo, y no existe ya, al menos desde la toma de posesión de Chávez, ninguna historia común sobre cuyas líneas fundamentales les sea posible ponerse de acuerdo. Examinemos primero la división espacial. Desde 1970, yo he permanecido muchas veces en casa de mis amigos en Caracas ? pero nunca había percibido los barrios de miseria situados en las laderas que rodean la ciudad, bien visibles desde la vía que conduce del aeropuerto al centro, de otra manera que como cuadros pintorescos suspendidos en lejanas colinas de color ocre. Cierto, también entonces existían sociólogos urbanos e investigadores de la miseria, a quienes eventualmente me hubiera debido sumar, pero entonces los pobres eran a lo más objetos de investigación y de intentos de reforma social, y el camino hacia este otro mundo de los barrios era de todos modos considerado como peligroso; y seguramente lo era para quien los visitara solo y sin una preparación adecuada. El otro mundo era el de las hospitalarias residencias de las zonas bien protegidas: éstas son urbanizaciones, no barrios, expresión reservada para los asentamientos de los pobres. Hace dos años esta separación alcanzó su punto culminante: en Altamira, corazón de una zona de ricos, algunos oficiales rebeldes ocuparon durante meses la plaza pública central y levantaron allí sus carpas. Proclamaban a voz en cuello que no reconocían al presidente, desde su punto de vista ilegítimo. Un par de estaciones de Metro más adelante se llegaba a otro mundo: la plaza Bolívar, la principal de Caracas, de estilo colonial, en cuyas esquinas se encontraban y aún se encuentran kioscos surtidos con propaganda chavista y material santero: Hugo Chávez en uniforme blanco lleno de condecoraciones, el redentor como reencarnación de Bolívar y hasta del mismo Jesucristo... El centro histórico de la ciudad pertenece ya al mundo del ?chavismo?, pero para entender su base social, es necesario conocer el camino hacia los barrios, hacia el mundo de los ?excluidos?, que habitan por cientos de miles en asentamientos de miseria, en El Valle, en La Vega, en Petare. Mi primera visita a una de estas zonas fue para mi una gran sorpresa: yo había supuesto o al menos esperado, que la situación de los más pobres en la rica tierra del petróleo fuera en alguna medida más soportable que en los tugurios de la vecina Colombia ? y me había equivocado. Quien haya visto por dentro una morada no saneada en una de estas zonas y haya hablado con sus habitantes, conocerá en adelante otra Venezuela y al menos podrá sospechar porqué los seres humanos de tales barrios apoyan a quien les muestra algo que les permite esperar una futura mejoría de su situación. A la división territorial se le añade la de la historia más reciente. A partir de la abrumadora victoria electoral del antiguo golpista Hugo Chávez, quien inicialmente tuvo incluso un amplio apoyo en los círculos empresariales, se produjo desde 2001 una polarización que finalmente desembocó en el golpe de abril de 2002. Aún hoy, tres años después, cuando se menciona este acontecimiento del pasado próximo, los rostros se fruncen. No se debate únicamente sobre la interpretación de los acontecimientos sino incluso sobre los puros hechos que los conformaron: para los partidarios de Chávez se trata de la historia del milagroso rescate de su jefe de los poderes oscuros de la reacción, cuyo factor decisivo habría sido en último término el pueblo, que se resistió a su derrocamiento y pidió a gritos su restitución. En la versión de los antichavistas este pueblo de los barrios no aparece o aparece solo marginalmente: los acontecimientos se suceden aquí a partir de una poderosa manifestación de masas que trascendía las clases sociales y que fue obstaculizada por francotiradores chavistas, pasan por la intervención del Ejército contra un Presidente responsable del ataque a bala a unos pacíficos manifestantes, y llega hasta la restitución de Chávez por oficiales conscientes de su responsabilidad, que se sintieron asqueados por el extremismo de derecha de Carmona, el provisorio presidente de los empresarios ? según esta versión solo entonces, una vez que los sensatos militares habían hecho su pronunciamiento de fuerza, el pueblo ignorante salió a la calle. Así mismo, cuando el gobierno lanza al mercado una amplia edición de un nuevo libro de la abogada norteamericano-venezolana Eva Golinger, que demuestra con documentos el apoyo de los Estados Unidos al golpe, los enemigos de Chávez lo consideran como un trabajo pagado por encargo del gobierno, solo se interesan por los puntos débiles en la carrera profesional de la joven y evitan cualquier confrontación con sus pruebas.

También en la presentación del segundo intento por doblegar a Chávez, esto es, de la huelga de la empresa petrolera del Estado, PDVSA, entre diciembre de 2002 y febrero de 2003, las versiones son irreconciliables. Para los antichavistas se trataba de una huelga legítima de todos los ciudadanos sensatos del país contra un régimen dictatorial; los seguridores de Chávez aseguran que la huelga política incluyó sabotaje a la producción y que casi conduce al país a la catástrofe económica. Ni siquiera la derrota en el referendo sobre una eventual revocatoria del mandato de Chávez en el verano de 2004 - derrota que fue reconocida por el Centro Carter (y por la OEA) - es aceptada por la oposición: los resultados habrían sido falseados ya desde antes (entre otros, mediante la masiva naturalización e inscripción de extranjeros). Si no existe la más mínima coincidencia en la mera presentación de la historia más reciente ? ¿cómo puede un observador externo formarse una idea de lo que realmente pasa en el día a día, de cuáles son las debilidades del gobierno y sus éxitos reales? El problema es que casi todos los interlocutores tienen ya su resumen preparado y no le otorgan validez a nada que permita ver a su enemigo bajo una luz más favorable. Los activistas de base desprecian a la intelectualidad universitaria, que en su mayoría se opone a Chávez, porque su rechazo del ?proceso? sólo demostraría su verdadero carácter de clase, de pequeños burgueses vacilantes que pasan a la reacción cuando las cosas se ponen serias. Los antichavistas consideran a quienes apenas desean observar este ?proceso? más de cerca, como seguras víctimas de la manipulación oficial, cuando más ingenuos y dignos de lástima. Para los enemigos de Chávez los peores son los voceros de un apoyo crítico a un presidente que de todas formas fue libremente elegido y ratificado en su puesto: a éstos se les aplica el demoledor remoquete de chavismo light.

Yo propongo buscar caminos que rompan esta situación tan polarizada, con el fin de poder llegar a una mejor comprensión de la situación venezolana. Para un académico viajero que llega con sus contactos iniciales esto significa, en primer lugar: no permanecer encerrado en los círculos de la intelectualidad, que por lo común es tan ajena a la realidad de la mayoría de los habitantes de la capital como puede serlo un extranjero. Esta no es una crítica a los venezolanos: ciertamente, alude también en igual medida a muchos colegas, hombres y mujeres, de la Universidades de Bogotá, Lima, Santiago o Buenos Aires. (Es probable que en el futuro pueda decirse algo similar de la intelectualidad de Berlín, cuando algunas zonas de la ciudad se conviertan en verdaderos ghettos como resultado de las ?reformas? neoliberales actuales). Pero lo nuevo en la Caracas de la época de Chávez es la percepción - acompañada de angustia o de esperanza, según el punto de vista de cada uno -, de que la mayoría de la población de esta ciudad realmente existe, se hace notar, aprovecha espacios de acción antes inexistentes para aparecer a la luz de manera organizada. Si esto está ocurriendo en virtud de una capacidad de organización propia o más bien por una ciega confianza en un líder salvador, si están surgiendo estructuras de consejos base o, en su lugar, se está más bien desarrollando un nuevo clientelismo ? respuestas a estas preguntas claves para una evaluación del régimen de Hugo Chávez sólo pueden encontrarse si se reúnen experiencias directas en aquel mundo desconocido en el que vive la mayor parte de los venezolanos. Además, no hay que confiarse necesariamente a la tutela protectora de los propagandistas oficiales ni hay que convertirse en parte de un incipiente turismo revolucionario; existen diferentes y mejores alternativas para experimentar las actividades y problemas en los barrios. En Venezuela es grande la tentación de someterse a la lógica de la polarización reinante con tal de escapar por fin a la fama de persona indecisa, eternamente vacilante y finalmente poco digna de confianza, y de sentirse luego por fin en casa, bien sea donde los viejos o los nuevos amigos que han estado esperando esta decisión. No es muy estimulante encontrar que algunos, sean observadores extranjeros o intelectuales venezolanos, que años atrás lucharon contra la polarización, han abandonado el esfuerzo por considerarlo al parecer sin futuro. De todos modos, existe todavía alguien como Teodoro Petkoff, que incluso en la valoración de su adversario político Hugo Chávez guarda un cierto sentido de las proporciones, al menos en los propios análisis, ya que desafortunadamente no acontece lo mismo con todos los artículos de su periódico tal cual, que a veces apenas se distinguen del tono rayano en demagogia de la mayor parte de los comentarios que ofrecen los dos grandes diarios burgueses. El tipo de confrontación entre adversarios políticos que se presenta en los actuales programas de televisión, tanto en los canales privados como en el oficial canal 8, demuestra el sinsentido de una polarización llevada al extremo: en ambos lados se encuentran agitadores que mezclan de manera insoportable una pseudo información sensacionalista y permanentes comentarios burlescos, que a los viejos televidentes alemanes les traen a la memoria las peores épocas de la guerra fría: el canal negro de Karl Eduard von Schnitzler en la televisión de la R.D.A. enfrentado a los excesos anticomunistas de Gerhard Löwenthal en la televisión occidental.

Para no deslizarme inconscientemente hacia un análisis de la Venezuela actual, no querría ir por ahora más allá de un intento de toma de posición provisional y de una simple pregunta: ¿por qué no puedo concebirme como seguidor incondicional de Hugo Chávez ? y, por otro lado, qué me impide unirme a sus adversarios confesos?
Para alguien de izquierda (y en contraste con algunos amigos yo no pongo esta palabra entre comillas) deberían existir de antemano muchos motivos para valorar positivamente la política de Chávez antes de todas las eventuales objeciones y reservas: en primer lugar, está dirigida de manera clara a mejorar, con medidas concretas financiadas con las ganancias de la economía petrolera, la miserable condición de la mayor parte de la población, y así es percibida por esta población mayoritaria. En segundo lugar, gracias a esta política ha surgido un espacio para incontables actividades de base, que en su mayoría no son generadas o manipuladas desde arriba. Finalmente, en las relaciones exteriores el gobierno de Chávez apunta a una cooperación económica más profunda con aquellos países suramericanos que se esfuerzan igualmente por escapar a un ilimitado predominio norteamericano y por crear un contrapeso continental a Estados Unidos, aunque sin duda aún en el marco de una economía mundial capitalista.

Sin embargo, existen también importantes reparos a una plena identificación con la ?revolución bolivariana?:

1. El papel del mismo Hugo Chávez en su ambivalencia. El carácter imprescindible de una destacada figura de líder sólo puede ser visto con las mayores reservas por alguien de izquierda, sin que por ello entre a formar parte de inmediato del coro de los politólogos y de su canto acerca del populismo. Si las decisiones fundamentales no son el resultado de discusiones abiertas de la gente de izquierda, sino que se lanzan al mundo como regalos de un salvador en larguísimas alocuciones dominicales, es lícito plantearse dudas acerca de si este procedimiento pintoresco puede ser el fundamento de una política revolucionaria en el largo plazo. Sin embargo, hay que reconocer que justamente esta fijación extrema en una persona hace paradójicamente posible el desarrollo de trabajos independientes en la base: hasta ahora casi todo aquel que posee ideas propias puede invocar a Chávez y permanecer ?dentro del proceso? (de la revolución bolivariana): no existe (aún) un partido monolítico, que lo pueda condenar por desvíos respecto de una línea politica oficial (por lo demás inexistente).
 
2. Dudas sobre la sostenibilidad de algunas medidas que se implementan por fuera del aparato estatal, al que se le considera como incapaz de reforma. Las llamadas ?misiones? descansan en el empleo de recursos provenientes de los excedentes de la compañía petrolera estatal en programas orientados a llevarle mejoras perceptibles a los excluidos: mejor atención de salud, acceso a la educación desde la alfabetización hasta la conquista del título de bachiller, mercancías más baratas en almacenes subvencionados, preparación para la fundación de cooperativas. Es incuestionable que el empleo masivo de 13.000 médicos cubanos ? que, en contraste con sus colegas venezolanos, viven en los barrios más pobres - ha mejorado los servicios básicos de salud. Cómo se articulen a largo plazo estas medidas con las instituciones de salud existentes y si logran involucrar a médicos venezolanos, es tan incierto como, por ejemplo, la relación las Universidades públicas existentes con la Universidad ?bolivariana?, de creación reciente. Y no es posible establecer desde ahora cuántos de esos numerosos cursos de un año de formación laboral, del programa Vuelvan Caras, puedan desembocar en la fundación de cooperativas viables.
 
3. Situación de seguridad y corrupción. Teniendo en cuenta la criminalidad creciente nadie puede negar que Caracas se cuenta entre las ciudades más inseguras de Latinoamérica, y que esta situación no ha hecho sino deteriorarse desde la toma de posesión de Chávez en 1998. Aun si se descuentan los meses de confusión producidos por los intentos de golpe y los paros políticos acompañados por intenciones de sabotaje, el presidente Chávez lleva ya casi siete años en la cúspide de un aparato estatal que, según la concepción corriente, debería ser responsable por la seguridad de los ciudadanos. ¿Será acaso exagerado esperar de un jefe de estado que garantice una seguridad elemental en su país, o el déficit en este campo sugiere quizás incompetencia en el control de todo el aparato estatal? El hecho de que el alcalde de la zona más grande de Caracas, que incluye el centro histórico, permanezca aún en su cargo a pesar de que desde hace años se ha mostrado incapaz para resolver incluso el problema de las basuras, no ayuda en ciertamente a la consolidación de un nuevo orden. A ello se añade el problema de una corrupción que no cesa de crecer incluso en el nuevo personal del aparato estatal, lo que el mismo Chávez menciona en casi todas sus alocuciones.

4. La relación con Cuba y la revolución cubana. Nadie de izquierda criticaría a Chávez porque apoye a Cuba con remesas de petróleo en condiciones favorables, que ese país recibe como contraprestación por el empleo de médicos cubanos bien formados en los barrios más pobres de Venezuela. Ante el bloqueo norteamerciano a Cuba, para cualquier régimen progresista debería ser claro el deber de ayudar a compensar las dificultades económicas de ese país. Pero algo distinto es transformar esta saludable ayuda recíproca en una alianza mística revolucionaria, en la cual Hugo Chávez se apropia lentamente del papel del envejecido Fidel como figura simbólica de una revolución latinoamericana. Sigue siendo poco claro qué papel juegue aquí la herencia de la revolución cubana (o de lo que quede de ella) como modelo para Venezuela, y puede ser interpretado de modos diferentes: NACLA sospecha que el ?socialismo del siglo 21?, recientemente anunciado, se contrapone implícitamente al socialismo cubano; sin embargo, cuando Chávez habla de los modelos de socialismo hacia los que no querría orientarse, notoriamente no menciona a Cuba. Ahora bien, Cuba perdió desde hace ya muchos años su papel de modelo para América Latina, y esto por justas razones: tras la desaparición de la Unión Soviética, la dirigencia cubana omitió analizar las causas de la decadencia del ?socialismo real? y extraer las consecuencias para una profunda reforma del propio sistema económico y político. Así, el grupo directivo, históricamente legitimado, siguió ejerciendo el poder con indudables rasgos del socialismo real, por lo cual el país se estancó y sigue condenado al estancamiento. Al buscar un apoyo manifiesto en Cuba existe siempre el peligro de adoptar, junto a sus experiencias positivas, por ejemplo en la alfabetización y el sistema de salud, también realizaciones cuestionables de un sistema político aparentemente consolidado, como es la vigilancia y frustración permanente de una intelectualidad crítica. Cuando Chávez, en su emisión de Aló Presidente del 21 de agosto de 2005 televisada desde Cuba, dice: ?Aquí existe un sistema de democracia revolucionaria. No se trata de la democracia occidental clásica, que nos han impuesto. En Cuba hay una democracia desde abajo?, surge inevitablemente la pregunta de si una valoración tan idealizada tiene algo que ver con las ideas de Chávez acerca de la futura democracia en Venezuela.

5. Pluralismo político y legtimidad de una oposición. En la medida en que Hugo Chávez asume cada vez más su papel de salvador de toda América Latina, en esa misma medida se torna más inverosímil que pueda ser sensible acerca de la legitimidad y necesidad de una oposición política en contra de su perpetuación en el poder. La oposición realmente existente, que surgió en parte gracias a una demagogia irresponsable e incluso a su disposición para el golpe, difícilmente podría estimular a Chávez hacia el pluralismo político. A partir de sus propias palabras puede demostrarse que el considera a sus adversarios políticos cuando más como gentes equivocadas, que deberían alinearse con el proceso de la revolución bolivariana si tuvieran buena voluntad y finalmente lo entendieran. Chávez aún no se ha visto enfrentado a formaciones políticas autónomas, como partidos políticos, que definan el socialismo de manera diferente a como lo entiende el mismo y que, por ejemplo, lo ataquen desde la izquierda: una nueva constelación de esa naturaleza, que parece estarse formando, podría convertirse en la piedra de toque de sus convicciones democráticas fundamentales. Hay que anotar que la constitución bolivariana es ampliamente democrática. Crea múltiples espacios para partidos democráticos, y le otorga incluso a la población la posibilidad de revocar el mandato de distintos poderes tras un cierto plazo prudencial. Cuando la oposición recurrió a esta posibilidad, estaba en su justo derecho, luchó y perdió frente a una mayoría que estaba a favor de Hugo Chávez. Sin embargo, luego, uno de sus seguidores puso en Internet una lista de quienes habían exigido el referendum de la revocatoria propiciando así medidas discriminatorias de funcionarios oficiales en contra de adversarios de Chávez identificados por esta vía: una forma de proceder que, finalmente, tras muchos meses, Chávez desaprobó, pero sin sancionar la violación de los derechos democráticos fundamentales en su propio campo. Sigue en pie la duda de si Chávez quiere realmente reconocerle a sus rivales políticos un derecho al ejercicio de la oposición. La lista de reservas y objeciones contra Chávez podría alargarse ? y sin embargo no puede ser motivo suficiente para pasarse al campo de sus adversarios. Lo que en Venezuela se llama oposición se define hasta ahora más bien por su simple animadversión a Chávez, y este solo elemento le concede ya primacía a la perniciosa lógica de la polarización. Mirada desde fuera, la propia definición de la pertenencia a la oposición suscita interrogantes: ¿Qué tiene propiamente que ver el intelectual crítico que se coloca en oposición a Chávez en razón de un fundado rechazo a ciertas medidas de gobierno, con un corrupto dirigente sindical ?amarillo? que plantea la pregunta por el poder con expresiones demagógicas y no esconde sus deseos de golpe de Estado? ¿Por qué reconocidos científicos, hombres y mujeres, que presentan valiosos análisis críticos del gobierno en foros académicos, no insisten en una adecuada representación de su contraparte, en vez de presentarse junto con ideólogos de escaso nivel intelectual que sólo pretenden dar rienda suelta a su odio visceral a Chávez? Ciertamente, tras las experiencias del golpe de 2002 sólo algunos sectores de la así llamada oposición pueden ser denominados democráticos. Nada autoriza a pensar que una remoción de Hugo Chávez haya de abrir el camino para una mayor democracia en Venezuela, y sin embargo muchos de quienes se encuentran en los campos de la oposición se cierran a la simple consideración de que en Venezuela podrían producirse situaciones mucho peores que el dominio de Chávez, que tanto rechazan. Después de todo, éste sigue comprometido con un margen tan grande de libertades como apenas pueden concebirse en ningún otro lugar de América Latina. Piénsese solamente en los medios de comunicación privados, en los que no solamente se critica al gobierno, sino que se lo ataca y ridiculiza sin límite alguno ? en una medida que incluso en otros países democráticos sobrepasaría el umbral tanto moral como jurídico de lo permitido. Tras la caída de los partidos tradicionales de Venezuela, de la que ellos mismos son responsables, los grandes diarios, la televisión y la radio privadas pasaron a representar el núcleo de la oposición. Además de la demagogia irresponsable de numerosos comentarios, que no distan mucho de los peores deslices demagógicos de Chávez, ya en las mismas informaciones llama la atención un angustioso provincialismo: se trata casi siempre de descalificar los errores del gobierno de Chávez y, fuera de la denuncia obligatoria de la influencia cubana, está ausente toda contextualización internacional de la evolución venezolana, aparte de la simple repetición de la visión fundamentalista norteamericana acerca de la lucha internacional contra el terrorismo. Preocupa la posición acrítica frente a Estados Unidos, cuya política contra la paz a escala mundial es habitualmente silenciada o adornada. Y la vecina Colombia con sus miles de víctimas de la violencia paramilitar aparece como un país totalmente normal, cuya democracia funciona en última instancia mejor que la venezolana, y se encuentra amenazada solo por las guerrillas de las FARC y el ELN, que son adscritas al terrorismo internacional en el sentido prescrito por la propaganda de Estados Unidos.

En esta breve toma de posición no aspiramos a examinar y ponderar todos los análisis generales, positivos o negativos, de la política de Hugo Chávez, cuya seria evaluación sería muy provechosa. Aquí se trata solo de fundamentar el rechazo de una toma de posición incondicional e irreflexiva. De todos modos, un observador extranjero sí debería abstenerse de aportar con entusiasmo al avance de la polarización hasta una imaginaria batalla final. Porque, de todos modos, el no tendría que sorberse la poción de una siempre posible guerra civil, al contrario de la mayoría de los venezolanos que tendrían que permanecer en su país, mientras el visitante extranjero estaría ya cómodamente sentado en su embajada o en su avión.

Pero una vez que se ha tomado la decisión en contra de todo estímulo a la polarización: ¿cómo puede uno moverse, informarse, quizás incluso contribuir con sus conocimientos y experiencias, si desea entender el desarrollo reciente de Venezuela y establecer una relación vital con aquellos que se esfuerzan por superar situaciones de miseria impulsando nuevas formas de democracia de base?

Afortunadamente existen numerosas fuentes de información, aun por fuera de la prensa polarizada y polarizante, que ha perdido ampliamente su credibilidad, El Nacional y El Universal así como, en el lado contrario, el diario Vea, que tanto en el estilo como en la selección de las noticias imita tristemente los modelos del socialismo real. El diario tal cual de Teodoro Petkoff proporciona más elementos de juicio y sería más creíble en su aguda crítica al chavismo si de vez en cuando le encontrara también algún aspecto positivo al movimiento popular que acompaña a Chávez. En la televisión, junto a los canales privados y al canal estatal 8, existe también el canal Vive, en el que un televidente paciente puede compartir durante horas celebraciones en vivo y en directo, en las cuales también se expresan a veces duras críticas a la política gubernamental, por ejemplo en el campo de la ecología. Hasta ahora existen en Venezuela instituciones que intentan escapar a la lógica de la polarización y aportar informaciones sólidas: a ellas pertenece la organización de derechos humanos PROVEA. En sus valiosos anuarios se analiza en qué medida durante el actual gobierno se han puesto en práctica, junto a los derechos políticos y económicos, también derechos sociales y culturales, y en qué aspectos hay realmente que registrar violaciones a los derechos humanos. De este modo el lector puede verificar en muchos casos cuáles de las conquistas que el chavismo reivindica corresponden a hechos reales y dónde existen fallas que se silencian. Una gran sensibilidad frente a la eventual posibilidad de arbitrariedades estatales (como podría ser una inaceptable limitación de la libertad de prensa, derivada de una aplicación excesiva de nuevas leyes) es sin duda mejor que la ceguera frente a peligros que ya se insinúan. Resulta bastante triste el panorama de análisis teóricamente ricos del presente venezolano; y las excepciones solo confirman la regla. En el campo antichavista hay intelectuales muy meritorios que en algunos de sus escritos más recientes han perdido el sentido de las proporciones, incluyendo a aquellos antiguos críticos de la dependencia, que ahora consideran inseparable la democracia y la economía (capitalista) de mercado y cantan himnos de elogio al capitalismo. Activistas de base con alto nivel de reflexión, de quienes se esperarían textos bien fundados que orientaran la interpretación del proceso revolucionario, se dejan llevar por otras prioridades y se desempeñan incansablemente como organizadores. Prefieren acumular día tras día nuevas experiencias a intentar de vez en cuando su generalización. Así, se deja a los ideólogos el campo libre: de hecho, hay una curiosa fauna de intérpretes extranjeros de la revolución bolivariana, que se sirven de una terminología arbitraria para propalar como quitaesencia del chavismo un cierto tipo de marxismo atrofiado y adornado con remiendos oscurantistas. ¿Y la solidaridad internacional con Venezuela? Recordando a Chile y Nicaragua, debería ser posible no repetir de nuevo todos los errores que se cometieron en los movimientos de solidaridad de entonces: la exaltación de los líderes de las organizaciones político militares, la ciega identificación con los luchadores de cualquier parte del mundo, que tienen razón sólo porque resisten valerosamente al imperialismo norteamericano, la adopción de los anacrónicos rituales del socialismo real, que florecieron por primera vez en los tiempos de Stalin. En esta dirección apunta el resurgimiento de la tradición de los Festivales Mundiales de la Juventud, que se celebraron por primer vez en 1947 en honor de José Stalin. En realidad, Hugo Chávez no necesita hacerse aclamar de esta manera por iniciativa de tradicionales funcionarios de la juventud. Los rituales del socialismo real tienen un cierto parecido con una enfermedad infecciosa que ha contagiado a todos los movimientos de liberación que conocemos, sobre todo después de la toma del poder. Le vienen como anillo al dedo al servilismo de una nueva capa emergente de funcionarios medios, que esconden su incompetencia y su pereza intelectual tras el radicalismo verbal. Es de temer que también bajo el régimen de Hugo Chávez surja una capa similar y pueda ganar terreno el recurso a los viejos usos del socialismo real, fortalecidos aún más en virtud de un problemático tipo de solidaridad internacional y del apoyo en la Cuba oficial. En sentido contrario, sigue hasta ahora adelante el sacrificado trabajo de base de una multitud de activistas, que han desarrollado nuevas formas de organización autónoma y las mantienen en vida. El hecho que bajo la presidencia de Hugo Chávez se haya abierto un espacio para tales actividades y se haya mantenido hasta hoy, lo considero como su mérito más sobresaliente.

(Traducción del aleman: Dorothea Melcher y Luis Alberto Restrepo)
 
 
 
Creative Commons License This text is licenced under a Creative Commons Licence.
 
 

0 Comentarios

agregar nuevo comentario

agregar nuevo comentario